miércoles, 29 de septiembre de 2010

Huelga general


El poder hacer huelga general es un derecho, no una obligación. Y todos los ciudadanos deben poder elegir. Digo esto porque, aunque en teoría parece algo obvio, en la práctica no lo es tanto.

Yo hoy NO quería ir a la huelga, y como yo, muchos españoles. Pero el problema es que los piquetes no lo aceptan, nos tachan de esquiroles por no unirnos a una huelga que no entendemos, que no sentimos o que directamente no tiene ningún sentido. ¿Por qué no hicieron la huelga cuando se anunció la ley de la reforma laboral? ¿Qué sentido tiene hacerla ahora que la ley ya está aprobada? Porque las huelgas se hacen con un fin, conseguir algo, y de esta huelga, ¿qué se va a obtener?

Me molesta que mucha gente que quería ir a trabajar no haya podido hacerlo porque no disponía del medio de transporte necesario para llegar a su trabajo o porque, una vez allí, se ha encontrado piquetes en la puerta. ¿Quién es esa gente para decidir sobre los demás? Si no vas a trabajar hoy, te lo descuentan del sueldo. ¿Van a pagar los piquetes lo que le han quitado a toda esa gente que quería trabajar pero no ha podido? No lo creo.

¿Acaso los sindicalistas no quieren que si sus hijos hoy se caen y les llevan al hospital haya un médico para atenderles? ¿No quieren que la policía esté atenta para que hoy no entre nadie a robar a sus casas? ¿Les da lo mismo que si hoy si incendian sus casas no haya bomberos para apagarlas porque están todos en huelga? Claro que les importa, pero presuponen que ciertas profesiones hoy tienen que tener unos servicios mínimos que sí se deben cumplir. ¿Unos sí y otros no? ¿Cómo funciona esto?

Todo el mundo debería poder manifestarse libremente. Me da igual que el foco de sus reclamaciones sea Zapatero, Rajoy o la Iglesia. Sólo pido que se respete a la gente y que las cosas no se impongan, que cada uno ejerza su derecho a elegir si quiere trabajar o no libremente. Nuestra libertad termina donde empieza la de los demás.

lunes, 27 de septiembre de 2010

La doctora Cole, de Noah Gordon

El último libro de la trilogía de la familia de médicos Cole es, de lejos, la peor parte. En esta ocasión Noah Gordon ha querido que el protagonista sea una mujer: Roberta Jenner Cole (RJ). La doctora Cole decide cambiar su vida de urbanita y se aleja a ejercer su profesión a un remoto pueblo de las montañas de Estados Unidos. Poco a poco irá ganándose la confianza y el cariño de los lugareños.

El problema que veo a esta novela es que no tiene una auténtica trama como tal, un problema de fondo que se vaya desarrollando a lo largo de la historia. Gordon simplemente se centra en contar los problemas médicos de los vecinos de RJ. En ocasiones aparecen pequeños problemas en su camino pero la protagonista los resuelve con demasiada facilidad (independientemente de la magnitud de dichos problemas).

El autor ha creado una protagonista demasiado fría, distante. El lector no se siente cercano a ella, no le conmueven sus problemas. Y el hecho de que la historia discurra en el siglo XX hace que este totalmente descolgada de las anteriores novelas. Noah Gordon da demasiado "bombo" al tema del aborto.

Nada que ver con las dos novelas que la preceden, La doctora Cole es el peor broche que se podía poner a esta trilogía que comenzó siendo magistral.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

La elegancia del erizo, de Muriel Barbery


Muriel Barbery narra la historia del número 7 de la Rue Grenelle, un inmueble burgués de París. Las protagonistas son la portera que esconde su auténtica forma de ser, Renée, y una niña solitaria de 12 años, Paloma. Ambas comparten una inteligencia sin igual y un hambre voraz de saber. Sus vidas cambian cuando el señor Ozu entra en escena.

Cuando empecé a leer La elegancia del erizo casi me volví loca. Lo primero que pensé fue que este tostón de libro lo podía haber escrito Pitufo Filósofo y haberse quedado más ancho que largo. Marx, Thomas Mann o Marcel Proust son sólo algunas de las grandes figuras de las que se habla (sin cesar) en este libro. Las abundantes figuras retóricas y el vocabulario enrevesado no contribuyen a amenizar la lectura. Pero, como odio dejar un libro a medias ( y el libro no es muy largo), seguí leyendo.

Puedo decir que rebuscando (mucho) entre los capítulos, la historia de fondo ha conseguido engancharme. Disfrutaba especialmente de los capítulos escritos por la pequeña Paloma. Así que al final considero que el esfuerzo que he hecho ha valido la pena, porque se trata de una historia muy diferente de cuantas había leído hasta ahora.

En un intento por ofreceros una crítica más completa intenté ver la película. Para ver si era más amena que el libro. Sólo puedo deciros que no conseguí pasar del minuto 18. Lo siento de verdad, pero prácticamente se me recalentaba el cerebro del esfuerzo que tenía que hacer para mantenerme interesada por la película. Lo único que puedo decir es que me parece que el reparto no ha sido elegido con acierto.

Para los que, como yo, leéis para evadiros, y os gustan los best-sellers y la literatura que podríamos llamar más "comercial", manteneos alejados de este libro. A los valientes, os digo: ¡Adelante! No os dejéis amedrentar por los primeros capítulos, en el fondo hay un tesoro escondido.

martes, 21 de septiembre de 2010

La resaca

Me levanto por la mañana y un hedor asqueroso inunda mis pulmones. ¿Pero a qué huele? ¡Pues a qué va a ser! Es todo el alcohol que te bebiste anoche, ¡inconsciente! Poco a poco empiezo a recordar (o al menos parcialmente) dónde estoy y qué estuve haciendo anoche. Y entonces otra duda me asalta: ¿pero qué le pasa a mi boca? ¿A qué sabe? ¿No me lavé los dientes? ¡Claro que sí! Pero da lo mismo, porque cuando bebes, por mucho que te laves los dientes una y mil veces, tu boca sigue sabiendo a alcohol.

Intento levantarme. Mala decisión. Un dolor de cabeza atroz me ataca. Es como si un equipo de enanos estuviese trabajando en mi cabeza bajo las órdenes de Christian el de Bricomanía para construir un rascacielos fácil, rápido y para toda la familia. ¡Salid de ahí enanos, os tengo rodeados! Como veo que no atienden a razones me dirijo de cabeza en busca del Paracetamol. De camino me cruzo con un espejo. ¡¡¿¿CÓMO??!! Pero si yo creo que ayer me desmaquillé… No, amiga. No lo hiciste. Y sino vete a la almohada y mira como la has dejado guapita de cara, que cuando lo vea tu madre te va a pegar unas voces…

En fin, consigo llegar a “el armario de las drogas” y me meto un paracetamol entre pecho y espalda. Ahora a esperar a que haga efecto. Me lavo los dientes, me ducho e intento que mi madre no note el resacón que me atormenta.

Como las desgracias nunca vienen solas hoy tengo comida familiar (con primos y abuelos incluidos). Intento practicar mi mejor cara delante del espejo por si mi abuela me suelta un “Hija, tienes mala cara”. Y entonces un nuevo olor entra en acción ¡¡¿¿A quién se le ocurre hacer cocido para comer sabiendo que estoy de resaca??!! Pero claro, mi madre no lo sabe, la buena mujer lo ha hecho con su mejor intención porque sabe que sólo me gusta comer cocido en fin de semana porque es cuando me puedo echar la siesta.

Hago de tripas corazón y me siento a comer mientras pienso todas las razones por las que nunca jamás voy a volver a beber (esta vez de verdad de la buena). Miro a mi madre, que me devuelve la mirada llena de orgullo, y pienso cómo es posible que aún no sepa que bebo. Las pruebas son claras: el olor del cuarto, el cuadro impresionista que he dejado en la almohada, el marco que tiré anoche cuando al entrar haciendo eses en casa me choqué contra la pared (encima tuve la poca vergüenza de decirle al marco que no hiciese ruido)… No hay más ciego que el que no quiere ver. Gracias mamá, espero no tener que seguir fingiendo cuando cumpla los 40.

jueves, 16 de septiembre de 2010

En busca de la elegancia perdida

Como sabéis (porque viene en la parte de la derecha de este blog), ahora estoy leyendo La elegancia del erizo, y aunque no tiene mucho que ver con la trama del libro (del que ya os haré la crítica) últimamente le doy muchas vueltas al tema de la elegancia.

Yendo por la calle busco la elegancia en las personas con las que me cruzo. Pero el problema es que no sé muy bien qué buscar, supongo que lo sabré cuando lo encuentre. Porque, ¿qué es la elegancia? En mi mente lo asocio a las grandes divas de Hollywood: Audrey Hepburn (mi favorita), Greta Garbo, Ingrid Bergman… Mujeres que se ven delicadas a la vez que fuertes y seguras de sí mismas. Y los hombres… ¡No hay color! Y que me perdonen los hombres de hoy en día, pero los Humphrey Bogart ya no existen. Eso sí que eran galanes de los pies a la cabeza, y no como ahora que te encuentras a chicos que van por la calle con más escote que tú y con camisetas de tirantes. Sólo de pensarlo me ha entrado un escalofrío…

Supongo que la ropa de entonces, que era más de insinuar que de mostrar, también ayudaba a crear ese velo de enigma que envolvía a las mujeres de los 50. Pero a día de hoy, ¿dónde está la elegancia? Todas las chicas de mi edad son iguales: pelo largo despeinado, raya en medio, piel lo más bronceada posible, blackberry en una mano, 15 pulseras a lo Sara Carbonero en la otra… ¿Acaso eso es elegancia? A mi parecer no lo es. Son chicas más o menos guapas, con mayor o menor suerte a la hora de combinar la ropa que Inditex pone a nuestro alcance y que viven obsesionadas con su imagen (a veces pienso que ni siquiera se preocupan de cuidar su interior). Y no es que quiera hacer populismo. Es que estamos en una era de clones, en la que ver a una mujer con algo que la haga diferente al resto es muy difícil.

¿Pero es que hay que ir de marca para ser elegante? ¡Por supuesto que no! Y tampoco hace falta ser rica. La elegancia es una actitud, algo con lo que se nace. Para ilustraros sobre lo que a mi juicio es elegancia actualmente, cito algunas mujeres que yo relaciono con este término: Rania de Jordania, Natalie Portman, Paloma Cuevas… Y entre los hombres EL hombre español por excelencia, todo un galán de los pies a la cabeza: Cayetano Rivera.

Seguiré buscando, porque sé que cuando menos me lo espere me daré de bruces contra la elegancia, y cuando ese momento llegue no dudéis que os lo contaré.

martes, 14 de septiembre de 2010

Ha llegado el entretiempo

Cuando todavía no nos ha dado tiempo a despedirnos del verano y aún no nos hemos equipado para el frío invierno aparece el entretiempo. Que época tan complicada la del entretiempo. Lo cierto es que la palabra, aunque muy ilustrativa, es fea de narices (será porque me suena a “entreteto”). Buscando en el diccionario esta palabra encuentro la siguiente definición: "Tiempo de temperatura suave y pocas lluvias, que corresponde generalmente a la primavera y al otoño." Es decir mayo y septiembre.

Pues bien, como decía es complicado el entretiempo porque uno no sabe muy bien qué ponerse. Lo mismo ves a una que todavía va en tirantes que a otro que ya ha sacado su abrigo. Y claro, uno hace frente a estas rarezas meteorológicas como buenamente puede: cuñas con chaquetas, botas con falda, pañuelos con tirantes… ¿Y qué más da? Parece ser que en el entretiempo todo vale.

Luego está el problema del cambio de ropa de verano por la de invierno. ¿Cuándo es el momento adecuado para hacerlo? Porque claro, ¿para qué quiero yo ahora los jerseys de cuello vuelto? Tampoco hace tanto frío… Pero, por otro lado, tampoco me voy a poner ya los bikinis si me han cerrado la piscina…

Para las que no tenemos un armario-vestidor propio de Carrie Bradshaw y tenemos que hacer malabarismo para conseguir que la ropa de temporada nos quepa en el armario, el momento del cambio de ropa es esencial, porque es también una ocasión perfecta para hacer “limpieza”. Al final tiramos un montón de cosas para buscar una excusa para comprar nueva ropa. ¡Ja! Cómo si nos hiciese falta una excusa…

En fin, una tarde de estás no podré posponerlo más y tendré que ponerme manos a la obra. Ojalá los duendes que viven en mi cuarto y me esconden las cosas cuando las necesito me ayudasen en esta ardua tarea de hacer frente a la nueva estación.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Chamán, de Noah Gordon

Chamán forma parte de la saga de libros sobre los doctores de la familia Cole y su Don. El libro cuenta la historia de cómo un descendiente del doctor Cole que Noah Gordon describe en El médico, tiene que huir de Escocia por motivos políticos con rumbo al nuevo mundo.

El nuevo Rob Cole intenta hacerse hueco entre los médicos de Estados Unidos pero decide marchar hacia el Oeste, y es allí donde se asienta y forma una familia. El menor de sus hijos queda sordo por una enfermedad mal curada y desde entonces el pequeño y el doctor se turnarán el protagonismo de esta novela.

Ambientada en la guerra civil americana, esta historia tiene os elementos necesarios para enganchar a todo tipo de lectores: indios, amor, ciencia, conflictos bélicos… Una novela que no defraudará. Desde luego el que dijo que segundas partes nunca fueron buenas no se había leído Chamán. Ahora, espero ansiosa el momento de tener entre mis manos la tercera y última parte de la saga: La doctora Cole.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Moda nocturna


Ayer estuve en Madrid Fashion's Night Out. Muchos ya sabréis en que consiste, pero para los que no lo sepáis os voy a contar un poco de qué va el asunto. Ayer por la noche, entre las 8 de la tarde y las 12 de la noche, más de 200 tiendas abrieron sus puertas en Madrid en los barrios de Salamanca, Las Salesas y Fuencarral. La idea era promover la moda e incitar a las compras, pero el resultado queda lejos de ser ese.

Mi idea era visitar unas tiendas concretas de Salamanca y Fuencarral. En concreto había elegido Blanco y Sfera, porque son tiendas en las que normalmente compro y anoche hacían un 20% en todos los productos. También quería ir a MAC porque hacían talleres de maquillaje xpress, en El Corte Inglés organizaban un montón de cosas, en Carolina Herrera si ibas con las uñas pintadas de rojo te hacían un regalito... Y en prácticamente todas las tiendas había cocktails, fiestas VIP y Dj's en directo. La noche prometía.

La gente se había puesto sus mejores galas para la ocasión. Yo no. Yo asumí que la noche era como una tarde de compras, y como tal fui vestida. Mujeres desde los 14 hasta los 50 años con taconazos, pintadas, peinadas y vestidas como si fuesen a la Red Carpet. Me pareció bastante ridículo, sobre todo porque la mayoría de ellas no pensó que subirse a unos tacones de 14 cm para ir de compras no es una gran idea, así que la mayoría iba andando como Chiquito de la Calzada.

No vi a mucho famoso. Salvo en MAC que estaba el (¿famoso?) Jousy, conocido por su aparición en el programa de televisión Supermodelo. De su atuendo sólo voy a comentar dos cosas: gafa pasta sin graduar y pajarita. Dejo a vuestra imaginación el resto. Las niñas se acercaban a él para que el juzgase su look... ¡Terrible! Este hombre seguro que es fan de Facebook de todos los grupos que empiezan por "Modernos que...". En fin, de todo tiene que haber en la viña del Señor...

Comencé en la calle Fuencarral. Lo primero que me encontré fue U, de Adolfo Dominguez, y decidí entrar para echar una hojeada. Nada más pasar te regalaban una Coronita, y había muchos artículos rebajados. Como toma de contacto me pareció bien, lo que pasa es que la ropa de esta marca no va mucho con mi estilo. Mi siguiente parada fue Friday's Project. Lo cierto es que tenían muchas camisetas baratas pero no sé si se debía al hecho de que están a ese precio habitualmente o a que estaban rebajadas para la ocasión. Nada destacable en esta tienda. Al entrar en Blanco vi una gran cola para pagar, creo que fue la única cola larga que vi en toda la noche que no era para conseguir algo gratis. Había mucha gente, aquello parecía el primer día de rebajas: ropa por el suelo, dependientes frenéticos, colas... Yo, por suerte, iba a tiro hecho y me había probado previamente las cosas que me iba a comprar esa noche para no tener que hacer colas en los probadores. Así que, aprovechando el descuento, me compré un par de vestidos. En Pepe Jeans me regalaron un Mojito. Había mucha gente para conseguir el mojito pero ni una sóla persona miraba la ropa ni prestaba atención a la Dj. Llegué a MAC y una maquilladora muy agradable, de nombre Soraya, iba maquillando una por una a quienes lo pidiesen para promocionar la nueva colección de maquillajes felinos. Al maquillarme me puso un colorete que me gustó y decidí comprarlo, y con ello me regalaron una sesión de maquillaje gratuita de aproximadamente una hora de duración para otro día. Seguí avanzando por Fuencarral, ya eran las once y veinte de la noche. ¿Cómo podía ser? ¡¡Si no me había dado tiempo a nada!! Me acerqué a Kiehl's porque había oído que regalaban bálsamos labiales y nunca había probado nada de esta firma. Pero cuál fue mi sorpresa al encontrarme a las 23.30 la tienda ya cerrada. A través del cristal pude ver a la chica recogiendo, pero me indignó enormemente que no respetara el horario que se había establecido. Entre en Fun&Basics y la verdad es que había bastante gente comprando. No puedo decir qué descuento hacían exactamente porque creo que el tema de los regalos y los descuentos iba más por amiguismo que por otra cosa. A una mujer que hizo tres compras, en una le hicieron el 25% de descuento, en otra el 30 y en otra el 40. Eso sí, se llevó todos los regalos del mundo. Yo sólo me compré una pulserita de hilo, sin descuentos ni leches. Me pareció muy graciosa porque lleva oraciones escritas entre dibujos. Elegí el "Ángel de mi guarda", que me recuerda mucho a cuando era pequeña. Veremos lo que tarda la Carbonero en plagiármela... Y se m hicieron las 12 de la noche, así que tal como llegué, pero con algo menos de dinero y alguna adquisición de más, me fui.

Mi conclusión es que la gente iba más a gorronear que a mirar, y que las tiendas deberían centrarse más en vender haciendo descuentos importantes. Pero la impresión fue positiva, así que espero repetir el año que viene. ¿Quién se apunta?