martes, 2 de noviembre de 2010

La noche de los muertos


Un año más, en la noche de todos los santos, las calles del mundo se llenan de disfraces. ¡Halloween ya está aquí! Y es que aunque muchos se resistan a dejar que esta tradición se implante en España, esta festividad ya ha calado entre los niños y jóvenes de nuestro país.

El origen de esta fiesta está en los celtas, quienes conmemoraban el comienzo del nuevo año después del verano. Los festejos, que duraban tres días, comenzaban en 31 de octubre, y esa misma noche se producía la unión entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Los celtas vaciaban nabos para colocarles una vela dentro como representación de las cabezas cortadas a sus enemigos. Posteriormente, los inmigrantes irlandeses difundieron esta tradición y los nabos fueron sustituidos por calabazas porque eran más fáciles de vaciar y más vistosos.

Galicia y Asturias son dos zonas de España con gran influencia celta, por lo que aún se conservan algunas de estas tradiciones. En la actualidad, la noche de todos los santos ha perdido sus connotaciones religiosas para exaltar el miedo y la diversión. Aunque en nuestro país aún se homenajea a los muertos visitando las tumbas de familiares y amigos que ya no están con nosotros.

Este año un nuevo personaje ha sido el rey de la noche (en este caso la reina) desbancando así a vampiros, brujas y momias. La excentricidad y los arriesgados looks de Lady Gaga (¿quién ha podido olvidar su traje hecho con trozos de carne?) se ha hecho un hueco en la noche de los muertos.

Para mí, que me gusta más un disfraz que a un tonto un lápiz, Halloween es la ocasión perfecta para divertirme con mis amigas y ponernos tan feas como podamos (en contra de lo que intentamos hacer el resto del año). La pena es que nos pilla un poco mayorcitas para ir pidiendo caramelos de casa en casa, pero el "trick or treat" americano también nos ha llegado ya. El otro día oí a un niño que iba disfrazado de Jack el destripador cantando "Truco o trato, me lo das o te mato". No puedo negar que es algo "agresivo", pero por lo menos rima.

Por último quiero dar un consejo a todos los que aún no han entendido que la noche de Halloween no es para ligar. No lo intentéis, nunca se sabe el orco que se puede esconder tras la máscara de Scream, y luego vienen las lamentaciones...

martes, 26 de octubre de 2010

Vuelve Gran Hermano

Vuelve Mercedes Milá con sus ácidos comentarios y sus llamativos modelitos. Vuelven los resúmenes nocturnos. Vuelve la casa 24 horas. ¡¡Vuelve Gran hermano!!

Muchos pensaréis que estoy loca por seguir este programa, que en la 12ª edición ya todos los concursantes saben qué papel deben hacer. Y yo no lo niego. Pero qué queréis que os diga, cada año me engancho. Alguna vez he dicho: "ya está, este año no lo veo". Pero al final acabé cayendo, así que para que luchar contra lo obvio: soy adicta a la "telebasura".

Este año no me gusta nada el cásting que han hecho. La mitad de los chicos son musculitos ciclados de gimnasio que van de modelos internacionales y sólo han desfilado en Carrefour. Y la otra mitad son los freakys de España: un tío que se cuelga la Game Boy como colgante, un indio charlatán, un ex-seminarista adicto a la copla... En fin, lo mejor de cada casa.

Por su parte el cásting de chicas no es mucho mejor. Este año han reunido a todas las chonis poligoneras que los de Mujeres Hombres y Viceversa no quisieron contratar. En la casa de Gran Hermano este año se lleva el "peliteñidismo", las melenas hasta el culo y la ropa cuanto más escueta mejor. Los chicos estarán frotándose las manos con esta descripción, si por lo menos fueran guapas...

En fin, que por mi parte salvo a Julia, una chica gitana que no tiene agua corriente en su casa; a J, el freaky de la Game Boy; y a Joaquín, quien con 42 años es el madurito de la edición.

Pero lo peor de este año no es el cásting. Esta vez hay dos casas. Inicialmente estaban todos los chicos y una chica que su suegra ha descrito como "un poco suelta" y en la otra casa estaba el novio de la susodicha y todas las chicas. Después de la primera semana los chicos eligieron las chicas con las que preferían vivir y ellas hicieron lo mismo. Conclusión: loas cachas modelukis son los guays y los freakys son los pringados. Esto lanza un mensaje nefasto hacia la sociedad: "si eres diferente mereces ser aislado".

Yo siempre he estado a favor de Gran Hermano porque siempre he defendido que los reality shows que aíslan a los individuos del resto de la sociedad son experimentos sociológicos interesantes, aunque no nos engañemos, a mi lo que me gusta es el marujeo. Pero en esta ocasión no me gusta la imagen que el programa está mostrando de la sociedad, porque eso es lo que venden: que Gran hermano es un reflejo de la sociedad actual. Me parece que esta puede ser la edición que consiga desengancharme de este programa, veremos si este año lo consigo...

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Huelga general


El poder hacer huelga general es un derecho, no una obligación. Y todos los ciudadanos deben poder elegir. Digo esto porque, aunque en teoría parece algo obvio, en la práctica no lo es tanto.

Yo hoy NO quería ir a la huelga, y como yo, muchos españoles. Pero el problema es que los piquetes no lo aceptan, nos tachan de esquiroles por no unirnos a una huelga que no entendemos, que no sentimos o que directamente no tiene ningún sentido. ¿Por qué no hicieron la huelga cuando se anunció la ley de la reforma laboral? ¿Qué sentido tiene hacerla ahora que la ley ya está aprobada? Porque las huelgas se hacen con un fin, conseguir algo, y de esta huelga, ¿qué se va a obtener?

Me molesta que mucha gente que quería ir a trabajar no haya podido hacerlo porque no disponía del medio de transporte necesario para llegar a su trabajo o porque, una vez allí, se ha encontrado piquetes en la puerta. ¿Quién es esa gente para decidir sobre los demás? Si no vas a trabajar hoy, te lo descuentan del sueldo. ¿Van a pagar los piquetes lo que le han quitado a toda esa gente que quería trabajar pero no ha podido? No lo creo.

¿Acaso los sindicalistas no quieren que si sus hijos hoy se caen y les llevan al hospital haya un médico para atenderles? ¿No quieren que la policía esté atenta para que hoy no entre nadie a robar a sus casas? ¿Les da lo mismo que si hoy si incendian sus casas no haya bomberos para apagarlas porque están todos en huelga? Claro que les importa, pero presuponen que ciertas profesiones hoy tienen que tener unos servicios mínimos que sí se deben cumplir. ¿Unos sí y otros no? ¿Cómo funciona esto?

Todo el mundo debería poder manifestarse libremente. Me da igual que el foco de sus reclamaciones sea Zapatero, Rajoy o la Iglesia. Sólo pido que se respete a la gente y que las cosas no se impongan, que cada uno ejerza su derecho a elegir si quiere trabajar o no libremente. Nuestra libertad termina donde empieza la de los demás.

lunes, 27 de septiembre de 2010

La doctora Cole, de Noah Gordon

El último libro de la trilogía de la familia de médicos Cole es, de lejos, la peor parte. En esta ocasión Noah Gordon ha querido que el protagonista sea una mujer: Roberta Jenner Cole (RJ). La doctora Cole decide cambiar su vida de urbanita y se aleja a ejercer su profesión a un remoto pueblo de las montañas de Estados Unidos. Poco a poco irá ganándose la confianza y el cariño de los lugareños.

El problema que veo a esta novela es que no tiene una auténtica trama como tal, un problema de fondo que se vaya desarrollando a lo largo de la historia. Gordon simplemente se centra en contar los problemas médicos de los vecinos de RJ. En ocasiones aparecen pequeños problemas en su camino pero la protagonista los resuelve con demasiada facilidad (independientemente de la magnitud de dichos problemas).

El autor ha creado una protagonista demasiado fría, distante. El lector no se siente cercano a ella, no le conmueven sus problemas. Y el hecho de que la historia discurra en el siglo XX hace que este totalmente descolgada de las anteriores novelas. Noah Gordon da demasiado "bombo" al tema del aborto.

Nada que ver con las dos novelas que la preceden, La doctora Cole es el peor broche que se podía poner a esta trilogía que comenzó siendo magistral.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

La elegancia del erizo, de Muriel Barbery


Muriel Barbery narra la historia del número 7 de la Rue Grenelle, un inmueble burgués de París. Las protagonistas son la portera que esconde su auténtica forma de ser, Renée, y una niña solitaria de 12 años, Paloma. Ambas comparten una inteligencia sin igual y un hambre voraz de saber. Sus vidas cambian cuando el señor Ozu entra en escena.

Cuando empecé a leer La elegancia del erizo casi me volví loca. Lo primero que pensé fue que este tostón de libro lo podía haber escrito Pitufo Filósofo y haberse quedado más ancho que largo. Marx, Thomas Mann o Marcel Proust son sólo algunas de las grandes figuras de las que se habla (sin cesar) en este libro. Las abundantes figuras retóricas y el vocabulario enrevesado no contribuyen a amenizar la lectura. Pero, como odio dejar un libro a medias ( y el libro no es muy largo), seguí leyendo.

Puedo decir que rebuscando (mucho) entre los capítulos, la historia de fondo ha conseguido engancharme. Disfrutaba especialmente de los capítulos escritos por la pequeña Paloma. Así que al final considero que el esfuerzo que he hecho ha valido la pena, porque se trata de una historia muy diferente de cuantas había leído hasta ahora.

En un intento por ofreceros una crítica más completa intenté ver la película. Para ver si era más amena que el libro. Sólo puedo deciros que no conseguí pasar del minuto 18. Lo siento de verdad, pero prácticamente se me recalentaba el cerebro del esfuerzo que tenía que hacer para mantenerme interesada por la película. Lo único que puedo decir es que me parece que el reparto no ha sido elegido con acierto.

Para los que, como yo, leéis para evadiros, y os gustan los best-sellers y la literatura que podríamos llamar más "comercial", manteneos alejados de este libro. A los valientes, os digo: ¡Adelante! No os dejéis amedrentar por los primeros capítulos, en el fondo hay un tesoro escondido.

martes, 21 de septiembre de 2010

La resaca

Me levanto por la mañana y un hedor asqueroso inunda mis pulmones. ¿Pero a qué huele? ¡Pues a qué va a ser! Es todo el alcohol que te bebiste anoche, ¡inconsciente! Poco a poco empiezo a recordar (o al menos parcialmente) dónde estoy y qué estuve haciendo anoche. Y entonces otra duda me asalta: ¿pero qué le pasa a mi boca? ¿A qué sabe? ¿No me lavé los dientes? ¡Claro que sí! Pero da lo mismo, porque cuando bebes, por mucho que te laves los dientes una y mil veces, tu boca sigue sabiendo a alcohol.

Intento levantarme. Mala decisión. Un dolor de cabeza atroz me ataca. Es como si un equipo de enanos estuviese trabajando en mi cabeza bajo las órdenes de Christian el de Bricomanía para construir un rascacielos fácil, rápido y para toda la familia. ¡Salid de ahí enanos, os tengo rodeados! Como veo que no atienden a razones me dirijo de cabeza en busca del Paracetamol. De camino me cruzo con un espejo. ¡¡¿¿CÓMO??!! Pero si yo creo que ayer me desmaquillé… No, amiga. No lo hiciste. Y sino vete a la almohada y mira como la has dejado guapita de cara, que cuando lo vea tu madre te va a pegar unas voces…

En fin, consigo llegar a “el armario de las drogas” y me meto un paracetamol entre pecho y espalda. Ahora a esperar a que haga efecto. Me lavo los dientes, me ducho e intento que mi madre no note el resacón que me atormenta.

Como las desgracias nunca vienen solas hoy tengo comida familiar (con primos y abuelos incluidos). Intento practicar mi mejor cara delante del espejo por si mi abuela me suelta un “Hija, tienes mala cara”. Y entonces un nuevo olor entra en acción ¡¡¿¿A quién se le ocurre hacer cocido para comer sabiendo que estoy de resaca??!! Pero claro, mi madre no lo sabe, la buena mujer lo ha hecho con su mejor intención porque sabe que sólo me gusta comer cocido en fin de semana porque es cuando me puedo echar la siesta.

Hago de tripas corazón y me siento a comer mientras pienso todas las razones por las que nunca jamás voy a volver a beber (esta vez de verdad de la buena). Miro a mi madre, que me devuelve la mirada llena de orgullo, y pienso cómo es posible que aún no sepa que bebo. Las pruebas son claras: el olor del cuarto, el cuadro impresionista que he dejado en la almohada, el marco que tiré anoche cuando al entrar haciendo eses en casa me choqué contra la pared (encima tuve la poca vergüenza de decirle al marco que no hiciese ruido)… No hay más ciego que el que no quiere ver. Gracias mamá, espero no tener que seguir fingiendo cuando cumpla los 40.

jueves, 16 de septiembre de 2010

En busca de la elegancia perdida

Como sabéis (porque viene en la parte de la derecha de este blog), ahora estoy leyendo La elegancia del erizo, y aunque no tiene mucho que ver con la trama del libro (del que ya os haré la crítica) últimamente le doy muchas vueltas al tema de la elegancia.

Yendo por la calle busco la elegancia en las personas con las que me cruzo. Pero el problema es que no sé muy bien qué buscar, supongo que lo sabré cuando lo encuentre. Porque, ¿qué es la elegancia? En mi mente lo asocio a las grandes divas de Hollywood: Audrey Hepburn (mi favorita), Greta Garbo, Ingrid Bergman… Mujeres que se ven delicadas a la vez que fuertes y seguras de sí mismas. Y los hombres… ¡No hay color! Y que me perdonen los hombres de hoy en día, pero los Humphrey Bogart ya no existen. Eso sí que eran galanes de los pies a la cabeza, y no como ahora que te encuentras a chicos que van por la calle con más escote que tú y con camisetas de tirantes. Sólo de pensarlo me ha entrado un escalofrío…

Supongo que la ropa de entonces, que era más de insinuar que de mostrar, también ayudaba a crear ese velo de enigma que envolvía a las mujeres de los 50. Pero a día de hoy, ¿dónde está la elegancia? Todas las chicas de mi edad son iguales: pelo largo despeinado, raya en medio, piel lo más bronceada posible, blackberry en una mano, 15 pulseras a lo Sara Carbonero en la otra… ¿Acaso eso es elegancia? A mi parecer no lo es. Son chicas más o menos guapas, con mayor o menor suerte a la hora de combinar la ropa que Inditex pone a nuestro alcance y que viven obsesionadas con su imagen (a veces pienso que ni siquiera se preocupan de cuidar su interior). Y no es que quiera hacer populismo. Es que estamos en una era de clones, en la que ver a una mujer con algo que la haga diferente al resto es muy difícil.

¿Pero es que hay que ir de marca para ser elegante? ¡Por supuesto que no! Y tampoco hace falta ser rica. La elegancia es una actitud, algo con lo que se nace. Para ilustraros sobre lo que a mi juicio es elegancia actualmente, cito algunas mujeres que yo relaciono con este término: Rania de Jordania, Natalie Portman, Paloma Cuevas… Y entre los hombres EL hombre español por excelencia, todo un galán de los pies a la cabeza: Cayetano Rivera.

Seguiré buscando, porque sé que cuando menos me lo espere me daré de bruces contra la elegancia, y cuando ese momento llegue no dudéis que os lo contaré.